Recuerdo mis tiempos de campo, cuando en la era se terminaba de trillar y posteriormente, cuando el viento lo decidía, aventar, y una vez limpio el grano nos llegaba la hora de amontonar la paja, era unos de lo quehaceres de la era que más nos gustaba a la chavaleria. Ya que nos montábamos en el palo que se usaba para amontonar la paja en los alrededores de la era, para después formar el almiar, que nos mantenía la paja seca y limpia durante todo el año.
Los trabajos del palo arrastrando la paja era un disfrute, ya que al tirar la yunta de mulos, normalmente ponían a dos mulas hermanas, dos mulas burreras,(cruce de caballo y burra) con mucha casta y ganas de tirar, pero como al subirnos en el palo y en equilibrio, la paja se nos amontonaba contra nuestro cuerpo, que hacíamos de pantalla recolectora de paja, pero cuando uno perdía el equilibrio y caía, por su lado se escapaba toda la paja acumulada y vuelta a empezar. Las caídas eran sobre paja y no nos paso nunca nada, cosas de la edad.
Entre arrastre y arrastre con el palo, se conseguía limpiar la era de paja, para al día siguiente, llenarla con la mies segada y traída a lomo de los mulos desde el rastrojo.
Una vez finalizado el tiempo de la trilla, comenzaba la elaboración del almiar, este se hacia rectangular con bastante altura, se hacia con paja suelta, no como en la actualidad, que los hacen con montones de pacas.
Se hacia el almiar amontonando la paja presionándola con los pies, para posteriormente y ya con escaleras, se subían en sabanas anudadas, llenas de paja a los hombros de los trabajadores.
Posteriormente y dada ya su altura definitiva, se revestía todo el almiar con pajotes largos de centeno, unidos y cosidos a la paja con agujas de adelfas verdes, se le hacían con estos pajotes de centeno como si fueran tejas, por donde no pasaba ni gota de agua.
La cubrición del almiar, cuya cubierta se parecía a las casas del norte, ya que tenían bastante pendiente, para que escurriera el agua, y en esta cubierta se le ponía estiércol, que lo aislaba de las lluvias.
Estos pajares o almiares, tenían un gran peligro cuando se empezaba a sacar paja de ellos, se va a lo más fácil, que es el ir cogiendo la paja a nuestra altura y así se formaba una cueva, ya que la paja estaba compactada, así que cuando cogía mucho vuelo la visera de la cueva de paja, pues podía dejar enterrado en paja al que osara tocar ese fondo, ¡cuantos peregrinos durmientes en los pajares, han acabados sus días, entre las calientes fauces del montón de paja del almiar¡.
Ya estos almiares están en desuso, con las nuevas tecnologías, amontonan las pacas de paja y algunos ni las cubren ante las inclemencia del tiempo.
Un grato recuerdo de mis tiempos veraniegos, donde la Era, se convertía en el centro del mundo, todos los niños queriamos dormir encima de la parva viendo el mundo lleno de millones de estrellas y ante el canto de los grillos tomateros, y los miedos de las sombras de la noche, que cualquier sombra te parecen figuras humanas que luego solo eran matojos y arbustos que se movían al mor del viento.
Lo que te traen los recuerdos con solo estar trabajando una mañana con un camión de paja, pero esta en pacas.
Saludos de Gabriel.














